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¡Qué paguen más impuestos los gamusinos!

El gamusino es un bicho taimado y asaz escurridizo, quizá aún más que Mariano Rajoy o Keyser Söze. Para cazar gamusinos se precisa de un saco, un palo, un incauto y una panda de tipos compinchados con ganas de cobrarse una burla. En Valdecaballeros, en los 80, quizá por mi acento asturiano me intentaron reclutar repetidas veces a estas monterías, y no precisamente para fungir de palo, ni de saco, ni de tipo compinchado. Pero uno tiene más conchas que un galápago (o que un gamusino) y tampoco me desempeñé nunca como timado.

El gamusino puede servir también como metáfora para explicar cómo España resolverá su crónico déficit estructural. España no tiene un problema de gasto (en eso estamos todos de acuerdo). El problema es que alguien tiene que pagar el déficit, y por eso ¡España tiene un problema de gamusinos! Y quien dice “gamusinos” dice “los que más ganan”, o “los que más tienen” o “los que defraudan”. Así, en general, ninguno de esos colectivos inspira el temor de una virulenta protesta callejera o de que vaya a volver la espalda a los suyos en las próximas elecciones. Si acaso, alguien podría llegar a cansarse de esperar a que los gamusinos acaben de hacerse ver en los mercados, pero eso se puede resolver inyectando liquidez en nuestro suelo y futuro hormigonado: como todo buen hortelano sabe, con tan buenas semillas y tan rica tierra, y ayudados por la manguera del crédito, los gamusinos acudirán en masa a comer el fruto de esa segura cosecha. Meterlos en el saco y despelucharlos es sólo cuestión de tiempo.

Pero, ¿qué aspecto tienen esos gamusinos? Por supuesto, existen algunos asalariados o empresarios que ganan mucho (y ojalá cada día hubiera más), y SICAVS que reducen capital en vez de repartir dividendos, y una enorme bolsa de fraude fiscal por falta de visión de país, por un exceso de tolerancia social (y hasta de compincheo, aquí sí) con el defraudador y una lamentable falta de recursos (y de voluntad política) en la agencia tributaria. Pero, como ocurre con la simpática broma campesina de la caza de gamusinos, que con estas masas potenciales de ingresos fiscales se pueda cerrar el déficit a corto plazo es una milonga a cuya dulce melodía no deberíamos abandonarnos.

Como cuenta Francisco de la Torre en su didáctico, ameno y sustancioso libro ¿Hacienda somos todos? Impuestos y fraude en España, España gasta como un emirato*, con la diferencia de que de momento no parece que tengamos petróleo y, si algún día lo tuviéramos, ya estarían Revilla y otros grandes padres de la patria para dificultar que lo explotáramos.

El PIB de España y su gasto público crecieron al amor de la lumbre de la fiebre inmobiliaria. Pinchada la burbuja, el gasto público no se ha pinchado, y sigue siendo superior al que había en 2007, en plena burbuja. El gasto público llega casi al 50% del PIB y los ingresos del Estado no mejoran pese a la subida de impuestos. En parte es fruto de esta estructura productiva zombie y de un gasto político que ni se reduce ni genera nuevas oportunidades de empleo, y además detrae recursos. De la Torre explica también en su libro cómo se han fraguado el agujero de los módulos y las tramas de fraude organizado, así como los bandazos regulatorios con la libertad de amortización, la deducibilidad de los gastos financieros y el fiasco de la amnistía fiscal. Todo este entramado ha mermado la recaudación.

Gráfico 1. Ingresos de las AAPP y déficit (en rojo)

Ingresos-AAPP-1995-2012-2ªRevisión-

Pero, ¿de dónde obtiene el Estado su recaudación? En España se recaudan impuestos por el trabajo (IRPF de asalariados y cotizaciones sociales), y no hace falta explicar que no va a haber mejoras sustanciales próximamente, sobre todo si quien se decida a abrir una empresa o iniciar una nueva línea de negocio va a ser la diana perfecta para abonar el pago de esos cuadraditos rojos del gráfico, más los intereses, más los pufos escondidos en bancos, SAREB, empresas públicas y organismos de la administración paralela de todo pelaje y voltaje de sus enchufados.

Así, elevar los impuestos a “los que más ganan” no aporta un gran resultado, como hemos visto estos años. En buena medida porque son muy pocos los que tienen una buena renta (no incluyo lo que se obtiene en las huertas, ni en los prostíbulos o en el alquiler de viviendas, ni tampoco la excepción de los notarios, futbolistas, directivos de los sindicatos o registradores de la propiedad). De hecho, si gana usted más de 1.081 € netos al mes**, ¡enhorabuena!: está usted entre el 50% más rico de la población (eso sí, tenga cuidado si a Hacienda le da otra vez por morder las carnes de “los que más ganan”).

Gráfico 2. Encuesta de Salarios INE

Distribucion de salarios

También podrían pagar más las empresas que misteriosamente o quizá a cuenta de las anómalas amortizaciones y de las necesidades del PIB baten simultáneamente récords de beneficios y de caída de ventas, o incluso podríamos encargar al Solitario o al espíritu pajarero de Hugo Chavez que expropiaran y vendiesen todo el IBEX. Pero aunque procediéramos con tan justiciero ánimo contra el oscuro corazón del capitalismo, nos encontraríamos con un triste saldo de tan sólo 0,5 billones de Euros***, es decir, una cantidad menor que la deuda que ha generado el déficit del último lustro. Y si encargásemos a esa misma comisión que pusiera un impuesto del 100% a las SICAV, obtendríamos unos 20.000 millones: una suma magra, pues no daría para tapar más agujero que el de Bankia. Los mercados y el capital en España son una menudencia, y de ahí no podremos extraer gran cosa.

Francisco de la Torre recoge en su libro una estimación del fraude, que alcanza más o menos un 7% del PIB. Con eso cerraríamos el déficit (y una injusticia, de paso), pero es una apuesta que exige inversión en mejorar los equipos de inspección, y mucho tiempo. Sin duda, se deben acercar los recursos y los resultados de la inspección tributaria a los de países a los que nos gustaría parecernos, por una cuestión de civismo y de justicia. Pero seamos sinceros: no podemos esperar que la lucha contra el fraude rinda resultados pronto ni que sean del calibre necesario. Lo único seguro es que habrá que gastar más recursos públicos y con un resultado incierto, como es el caso de la promoción de tarifa plana de seguridad social****. En definitiva, cualquier estimación que se hace en España sobre el PIB deja pequeña la magnitud, porque el PIB está inflado -entre otras cosas, por los 6 puntos de PIB de déficit que se añaden cada año, más la inercia de todos los anteriores con sus correspondientes estabilizadores automáticos-. El PIB español sin la burbuja debería ser aproximadamente el del 2002, y el problema es que los ingresos fiscales están en ese nivel.

Si ni las rentas, ni el capital, ni la lucha contra el fraude nos van a resolver el déficit del año 2015, ¿qué se puede hacer en España? Mi impresión, seguramente venenosa y pervertida, es que el gobierno hará que hace y nos “salvará” de los expertos de los que previamente se había dotado. Y no se corregirá el déficit.

No corregir el déficit supone que cada año se añada en torno a un 0,3% adicional del PIB en intereses (baratitos y subvencionados por el BCE, aunque a costa de sablear disimuladamente a los ahorradores), lo cual incrementa el gasto. Se mantiene el déficit a cambio de ganar/perder tiempo sin hacer los ajustes tan cacareados.

¿Qué opciones reales tiene el gobierno, al margen de no hacer nada o hacer que hace algo?

1) Reformar la administración y fusionar ayuntamientos, eliminar diputaciones, racionalizar competencias y ahorrar 30.000 millones al año. Problema: hay que hacer un ERE en la red clientelar interpartidista repartida en todas las instituciones del país, y eso cuesta músculo electoral.

2) Poner impuestos al capital cañí. El ahorro español está depositado desde hace muchos años, y de manera acelerada desde los años 90, en ladrillos, solares y locales. El 90% de la riqueza financiera del país es inmobiliaria.

Tabla 1. Inversión de las familias (CNMV)
Encuesta financiera

De este 90% del capital que es inmobiliario, la vivienda familiar supone la parte del león (aproximadamente tres cuartas partes). Es decir, la principal riqueza invertida en este país se corresponde con la primera vivienda. Poner impuestos a esa forma particular de ahorro implica atacar el modelo de ahorro que se ha impuesto en las últimas décadas, y hacer pagar a las familias los errores del pasado. Quien quiera cerrar el déficit con un impuesto a la vivienda sabe que podrá como mucho elegir la soga con la que colgarse electoralmente. Los propietarios y los jubilados votan, y romper el contrato electoral con ellos no saldrá gratis.

La subida de impuestos inmobiliarios tiene una potencia recaudatoria notable y tanto en Grecia como en Irlanda han sido aplicados para cubrir sus déficits. En España, los ayuntamientos han logrado superávit no por una adquisición repentina de la virtud de la austeridad, sino porque han subido el IBI y las tasas.

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Se podría seguir por esta línea y cuadriplicar el IBI para evitar el ataque al propio aparato de los partidos en ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas, pero es obvio que esto supondrá una importante merma de votos.

Si usted no es saco, ni palo, ni forma parte de la panda de pillos, y si ni siquiera es usted un gamusino… no me haga mucho caso, pero sospecho que le van a querer tomar por el pardillo. Puede que le complazca oír que nuestros políticos acudirán a nuestros socios europeos para que nos sigan prestando los dineros con que cubrir los casi 70.000 millones que gastamos de más cada año, y para que nos refinancien los más de 900.000 millones de deuda pública de los años anteriores, más otro tanto de deuda bancaria. Sin embargo, uno tiene la impresión de que el gamusino no se cría al norte de los Pirineos, que ya van unos cuantos años repitiendo la broma y que algún día va a dejar de tener gracia.

* Es una gran figura la del emirato sin petróleo. Creo que ya hizo uso de ella Daniel Lacalle.

** (en 14 pagas que equivalen a 19.017 € brutos/año)

*** Puede que no fuera fácil del todo explicar a los accionistas extranjeros esta nacionalización (entre un 10% y un 20% del capital)

**** ¿se imaginan la pesadilla de agentes de telemarketing de seguridad social ofreciendo descuentos a cambio de contratos de permanencia? no lo descarten

Gráfico 3: Reacción de mis hijos al conocer los planes de Mariano Rejón y Montoro Hermoso de Mendoza

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