Doy espacio en mi blog a la carta que un afiliado de CCOO dirigió a Rodolfo Benito el 29 de Mayo de 2.012 a cuenta de la participación de su sindicato en la gestión de Caja Madrid y que a día de hoy no ha obtenido respuesta.
Imagen 1: Rodolfo Benito
“Sr. Rodolfo Benito (Miembro del Consejo de Administración de Caja Madrid en representación de CC.OO.):
El Sr. Rato tiene mucho que explicar. Él es ahora el epicentro del terremoto, y se lo ha ganado, pero como trabajador, ciudadano y afiliado a CC.OO., yo tengo especial interés en comunicarme con usted.
El Sr. Rato ya ha dado sobradas muestras de su incompetencia y falta de ética, y nunca pagará suficientemente por ello. Peor aún, seguirá enriqueciéndose con el expolio de la sanidad pública.
Esa es la historia de este país. Los ricos siempre serán los ricos y se irán de rositas.
Pero el Sr. Rato no estaba solo en el Consejo de Administración. Había otros consejeros. Entre ellos uno de CC.OO. y otro de U.G.T. Se supone que defendiendo los intereses de los trabajadores en la línea marcada por sus organizaciones. Entiendo que esos consejeros están en minoría, pero ¿tenían información suficiente acerca de lo que estaba ocurriendo? Y si no la tenían ¿de qué valen esos puestos en el Consejo de Administración, en los que los sindicatos mayoritarios de este país aparecen como cómplices de uno de los mayores desastres financieros? CC.OO. no puede erigirse en defensora de los intereses de los trabajadores sin haber levantado la voz para denunciar lo que hacía ese Consejo de Administración.
El empobrecimiento de la clase trabajadora subsiguiente a la nacionalización de Bankia, del que CC.OO. es RESPONSABLE, arrojará un balance muy negativo en nuestra cuenta particular de éxitos y fracasos para la clase obrera.
Imagen 2: Rato celebra la salida a bolsa de Bankia
En CC.OO. ¿Podemos seguir viviendo de las rentas de nuestros mayores? Está claro que no. Los ataques mediáticos de la derecha hacen daño porque el terreno está abonado. ¿Cómo podemos ahora venir a salvar a la clase trabajadora española sin haber alzado la voz durante el
gobierno Zapatero en contra de sus políticas que facilitaron el crecimiento de la burbuja inmobiliaria? Sólo lo hicimos cuando vinieron los recortes. Por cierto, la bajada del 5% de los
funcionarios supuso una recaudación de 15.000 millones de euros. Usted tendrá que explicar cómo el consejero de Caja Madrid que representaba a CC.OO., no denunció con la mayor energía la gestación de un desastre que va a suponer un agujero (de momento) de 19.000 millones.
No sé si se trata de incompetencia o descarada colaboración, pero usted debe dimitir inmediatamente. No se deje llevar por las míseras prebendas de su cargo. Ya sé que las dietas van directamente a CC.OO. me refiero a las otras. Espero que no haya disfrutado usted de créditos blandos, o tarjetas para gastos u otros muchos “detalles” que las entidades financieras suelen tener con sus propios consejeros, porque una indolencia tan escandalosa en el cumplimiento de sus
obligaciones sindicales pasaría del terreno de la incompetencia, al de la corrupción”
Firmado: Enrique Orsi Portalo afiliado a CCOO en la Federación de Sanidad y Servicios
Sociosanitarios de Madrid
Publico la “respuesta” de Rodolfo Benito a Enrique Orsi.
Ni aclara cuales han sido sus transacciones con la entidad ni justifica como amparó que Cajamadrid perpetrara una especulación crediticia que en términos de PIB es el triple que la de Lehman Brothers. Barniz ideológico y unas explicaciones que al menos a mi no me satisfacen.
Esperemos que la querella de Bankia se amplíe a todo lo que se ha hecho en Cajamadrid y en sus entidades satélites.
Cajamadrid ha sido una moneda y herramienta política sobre todo en el PP pero también en la llegada de Toxo a la secretaría general de CCOO de la mano de Rodolfo Benito,
———————————————————-
Estimado compañero Enrique:
Tal y como te he comentado telefónicamente, “la carta abierta” que dices me has remitido, la he conocido a través de un Blog, que la ha publicado el pasado 9 de julio. Por tanto, difícilmente podía contestarla.
Sí, me ha comentado el Secretario General de la Federación de Sanidad y Servicios Sociosanitarios de Madrid, al que recurrí para que me facilitara tu número de teléfono, que hace algún tiempo le habías comentado que ibas a remitirme o que me habías remitido una carta.
Sobre el contenido de la misma, en la que mezclas varias cosas, y realizas algunas afirmaciones intolerables, quiero contestar algunasde éstas, clarificarte otras, aportar alguna reflexión sobre las apreciaciones que realizas y reclamarte que rectifiques, tal y como también te comenté telefónicamente, los términos “incompetencia”, aunque este siempre puede ser discutible, o “corrupción”, que para mí y en mi caso, es inaceptable y no estoy dispuesto a tolerar.
Has de saber que no soy miembro del Consejo de Administración de Bankia, ni del BFA y, desde el ejercicio económico 2009, tampoco de Caja Madrid. Eso quiere decir que no he coincidido con Rato en ningún Consejo de Administración de la Caja, como tampoco de Bankia.
Por tanto, difícilmente puedo dimitir de órganos a los que sencillamente no pertenezco.
Sobre los criterios que han movido mis actuaciones durante el tiempo que he estado en el Consejo de Administración de Caja Madrid, he de decir que siempre han estado presididos por la coherencia con los intereses sociales que representaba.
Actuaciones que siempre han reflejado el papel que, en mi opinión, tenía que jugar la entidad en torno al desarrollo y fortalecimiento de la economía productiva y al desarrollo también de su Obra Social, sin olvidar, obviamente, los intereses de los clientes.
De todas formas, sobre esa etapa hay abundante hemeroteca que puedes consultar, algunos artículos que yo mismo he escrito y clarificar con ello, espero, algunas de tus inquietudes, y lagunas de información que creo tienes.
He de decirte también que, en lo relativo al sector financiero y a las Cajas de manera singular, CCOO ha venido tomando posición y adoptando iniciativas, que forman parte de nuestro discurso y de nuestra política sindical, que han sido publicadas en los medios del sindicato y sobre las que también se han hecho eco algunos medios de comunicación.
En concreto, sobre “El sistema financiero y la restricción del crédito en España”, sobre la “Creación de una Comisión de investigación Congreso-Senado sobre el sector financiero”, sobre “Una reestructuración rápida, trasparente y justa del sector financiero”, por citarte únicamente aquellas posiciones que se han materializado por escrito. Y en torno a Bankia, la exigencia de explicaciones a los gestores, de depuración de responsabilidades, la creación de una Comisión de investigación,… todas ellas publicadas en la página Web de la Confederación Sindical de CCOO y a la que puedes acceder y también consultar.
Pero previamente a la situación que se está produciendo, y de manera previa también a que estallara la crisis, y con el escepticismo de muchos, el sindicato y yo mismo a través de distintos artículos, y actos sindicales, como la Escuela de Verano de El Escorial de hace tres años, otros encuentros, asambleas o debates sindicales, hemos venido afirmando que el peso cada vez mayor de las finanzas en la economía, la financiarización en definitiva de ésta, iba a tener consecuencias letales para la economía productiva y por tanto para el empleo.
Puedes leer también entre otros, un documento sobre “Las crisis financieras internacionales, agujeros negros de la globalización”, que data de 2008.
Eran tiempos en los que la Confederación Sindical Internacional hablaba de “la economía de casino” y en los que algunos que hoy nos exigen responsabilidades contestaban, con media sonrisa, que no sabíamos de finanzas, que nosotros al centro de trabajo, pero sin salir de él, que para eso ya había otros; que lo que había que hacer era modernizar los sindicatos. Siempre a vueltas con un término, que significa lisa y llanamente, “no molesten”.
Pero ¿cómo se puede decir que hemos estado callados, cuando machaconamente hemos insistido, en que la crisis era internacional y de carácter sistémico pero que en el caso de España, junto a la misma, estaba la propia, que tenía que ver con el modelo de crecimiento, con el modelo productivo, en el que, el peso del sector inmobiliario era inasumible o que esa burbuja que se estaba inflando iba a terminar por estallar, como así ha ocurrido, y con los insostenibles e insoportables niveles de temporalidad y precariedad laboral?
Como tampoco se puede decir que no hemos advertido acerca de las cosas que iban a suceder, o sobre las que van a tener lugar con las medidas que viene adoptando el gobierno de Rajoy, las últimas las del viernes 13 de julio, y que son contestadas con movilizaciones masivas en todo el país.
Sólo tienes que leer la posición del sindicato en torno a las sucesivas reformas laborales, al desempleo, a la precariedad laboral, a la situación de la población joven en nuestro país, al impacto de la crisis sobre las mujeres, a la necesidad de los servicios públicos, y a cuáles eran las prioridades, que no estaban precisamente en la política laboral, sino en el sector financiero.
Y luego, efectivamente, debo responder a la afirmación de que en la etapa de Zapatero, los sindicatos no hemos hecho nada. Sólo te invito a que, a través de la página Web de la Fundación 1º de Mayo,eches un vistazo a los anuarios que se han venido editando (el anuario de 2012 está accesible a partir del 15 de Julio), y puedas leer con detenimiento cuál ha sido la actividad, las propuestas, las movilizaciones, en los centros de trabajo, sectoriales, territoriales y confedérales, que CCOO ha venido impulsando.
Te dije telefónicamente, y te reitero: cuidado con los coros de crítica a los sindicatos, porque aunque ciertamente puedan y deban ser criticados (errores cometemos), hay un proceso de criminalización contra los mismos que busca exclusivamente su debilitamiento y cuya expresión última ha sido el atronador aplauso, desde las bancadas del Grupo Parlamentario Popular, a las palabras de Rajoy“voy a seguir recortando liberados sindicales”; es decir, derechos sindicales, en ese llamamiento en contra de las libertades sindicales y que, junto a otras iniciativas y medidas, no hacen sino empobrecer la democracia.
Pero a medida que persiste la crisis, se están atacando derechos fundamentales, que no sólo erosionan el Estado del Bienestar, sino que desde posiciones muy ideologizadas, se esta desmontando, poniendo en peligro aspectos relevantes de la propia Constitución. En paralelo, persiste una agresiva campaña contra el sindicalismo confederal en España. Una campaña emprendida desde ciertos sectores económicos, de la derecha política y mediática. Una campaña que busca el debilitamiento de los sindicatos, de su poder contractual y de su legitimidad. Un intento que, de conseguirse, produciría un cercenamiento de la democracia.
Por su contenido, esta campaña no pretende un debate público sobre el papel de los agentes sociales, sino que simplemente se alimenta del peor de los populismos.
Espero que esta respuesta te sirva para que tus planteamientos se ajusten más a la realidad y menos al prejuicio (o al menos se alejen de la desinformación), y te ayuden a situar tu opinión en términos que no comprometan la honestidad, la transparencia y la lealtad que guían la actuación de CCOO en estos tiempos tan difíciles, y mi actuación en particular, de la que siempre podré rendir cuentas sin tener que bajar la mirada.
Que se casen, pero que no lo llamen “matrimonio”, clamaba Rajoy. Que intervengan a España, pero que nadie diga que la han rescatado, dirá ahora. You say tomato, I say bail out. Pues bien: aquí les propongo pensar la intervención de España, el rescate al país, en clave de capitulación (del gobierno), de humillación (al país) y de purificación o cathársis (de todos, en plan teatro total). Elijan la que más les guste, propongan una alternativa pero, ¡por Dios!, hagan un esfuerzo por no cambiarle el nombre -por no permitir que se lo cambien.
Capitulación
Recientemente, el gobierno de Mariano Rajoy se vio obligado a reconocer públicamente su impotencia, así como el fracaso de su política económica y, con ello, también el de esa España fantasma y hueca del rimbombante “milagro español“.
Hace años que un desenlace como este era previsible. Aunque dentro y fuera de España la mayoría de analistas se fijaba en las dificultades que presentaban las cuentas públicas, algunos no hemos dejado de insistir en que el gran agujero estaba (y está) en el sistema financiero, y en que donde había que aplicar el bisturí era en el obsceno saqueo que se estaba produciendo en la banca o, mejor dicho, en la banca privada del PP, PSOE, IU, sindicatos y patronal: las cajas de ahorro.
Con la petición de auxilio, España reconoce que no puede recapitalizar la banca y, a no mucho tardar, reconocerá que tampoco podrá refinanciar su monstruosa deuda (10 veces mayor que el capital).
Ya nadie en el mundo financiaba a entidades tan insolventes, y España no era capaz tampoco de sostenerlas por más tiempo. Ahora fondos europeos prestarán dinero al Estado (FROB) y éste a su vez se encargará de perderlo opacamente, como lleva haciendo desde hace 4 años de la mano primero del PSOE y, ahora, del PP. Una operación tan artificiosa y estéril como la torsión semántica con que lo expresó Carlos Herrera: se rescata a los bancos directamente a través del FROB.
Pero, aun smarriti como estamos en una amenazadora selva scura, puede vislumbrarse algún elemento positivo: se ha evitado por unos meses el colapso, aunque al no poco oneroso precio de haber cercenado toda esperanza de recuperación a medio plazo.
Imagen 1; de las puertas del infierno de Rodin con el lema: lasciate ogni speranza
Así, en este deambular por páramos infernales, nuestro porvenir económico como país estará guiado, sí, pero en dirección a la desolación y el fracaso -nuestro destino: el último círculo del Averno. Por buscar otra analogía, aunque imposible eliminar ese toque truculento que es seña de identidad de este blog: nos aplican quimioterapia cuando lo que hubiéramos necesitado era extirpar quirúrgicamente las lesiones tumorales. ¿Y es esto un éxito?
Mariano Rajoy es un presidente amortizado, una víctima de su estrategia de “cuanto peor, mejor”, de su abulia y su connivencia con toda una red de jeques menores que desde hace décadas dotan a sus reinos de pompa, corte y banca (caja), y de su correspondiente red clientelar. Al menos, todos ellos están desde ayer más cerca del cadalso.
Humillación
Decía Rubalcaba en aquellos días de dolor de Marzo de 2004, y antes de formar parte del gobierno que negó la crisis y generó con sus socios populares el agujero bancario que hoy nos lleva a implorar el rescate, que “los españoles merecemos un gobierno que no nos mienta“. Quizá no sea cierto que no nos lo merezcamos, y que también en eso mintió Rubalcaba; quizá el lenitivo del autoengaño sea demasiado placentero para rehusarlo; quizá no nos crea capaces de asumir nuestra realidad pero… Pero lo cierto es que el gobierno, otro gobierno, nos ha vuelta a mentir. Con tozudos eufemismos, fugaces desmentidos, eslóganes tibios y frívolos pronósticos, la política de comunicación del gobierno sigue poniendo de manifiesto su concepción parvularia de la ciudadanía española.
Las falacias de Rajoy en su inesperada comparecencia antes del partido (¡cómo lo ha gozado creyéndose con el problema ya resuelto!) son propias de alguien desorientado, exhausto, sobrepasado, alguien cuya mediocridad no le deja otro recurso que reaccionar con chulería a su frustración: tan sobrado que, de la presente coyuntura, lo que le “duele” es perderse un partido de tenis por tener un compromiso ineludible con los chicos del fútbol. Pero no nos engañemos: nada como un buen partido para celebrar el “éxito” de haber “forzado” que Europa financie a España. Sin embargo, es doloroso ver cómo nuestra inaudita capacidad para tragárnoslo todo se ha convertido en el extranjero en asunto de sainete y chiste ingenioso.
Y démonos por afortunados: más crueles podrían ser las chanzas si sus autores se asomaran a esa prensa mamporrera que se pierde el respeto a sí misma. Sin embargo, su mérito no es muy destacable: pese a las similitudes formales que a continuación pueden ustedes establecer, no creo que el propagandismo castizo equipare la sofisticación estética del soviético.
Imagen 2: Portada de La Razón “España despeja el rescate”
Imagen 3: “El Portero” Deineka, Museo de Kursk (1934)
Que pretendan hacernos creer que esta operación vaya a solucionar algo a largo plazo es denigrante. No lo ha hecho en Irlanda ni en Portugal ni, por supuesto, tampoco en Grecia. Como mucho, veremos un espejismo de estabilización durante unas semanas -pero ¡ay! ni siquiera ese pequeño respiro lo tenemos asegurado, dadas las turbulencias que acechan por el horizonte electoral griego.
Imagen 4: Prima de riesgo (Fuente: Bloomberg, via Juan Carlos Barba)
Más bien, es previsible que nuestros males se agraven. Dado que España tendrá un deudor preferencial (el ESM), antes de rendir otros pagos deberá devolver con devota puntualidad el importe del rescate. Por tanto, nuestro país se encontrará fuera del mercado y constreñido a aplicar recortes en cada ocasión que fallen los objetivos macroeconómicos -cosa que ocurrirá, qué duda cabe. Sala i Martin lo explica muy bien en el artículo que enlazo aquí.
Cathársis
En este espectáculo colectivo del que somos a un tiempo espectadores y actores nos cabría hacer ahora aquello que dicen procuraba la tragedia griega: una purificación de las pasiones, un gozoso aprendizaje a través del dolor.
Y es que en este gran teatro del mundo no es extraño toparse con alguna escena sangrienta más de la cuenta. Pues bien: por imperativo de los rescatadores, son breves ya los días de los políticos en la banca. Sería deseable que, además, se sentasen en el banquillo y se depuren las responsabilidades administrativas, civiles y penales que este gran robo sufrido/consentido por todos ha generado.
Si además llegamos a tomar conciencia de que estamos tocando fondo, quizá podamos hacer de una vez las reformas que necesitan España y nuestras empresas. Si conseguimos que la meritocracia y el esfuerzo sean posibles y rentables, puede que, como Dante, al final de la travesía dejemos atrás las puertas del Infierno y nos elevemos -con una esperanza liberada de ingenuidad- hacia un porvenir mejor.
Sin embargo, si perseveramos en una oprobiosa servidumbre voluntaria y permitimos que nos sigan engañando cada vez que nos dicen eso de “no lo volveré a hacer más“, entonces el menor de nuestros males quizá sea haber perdido ahora nuestra soberanía. Lo peor no será que no seamos sino tristes marionetas incapaces de escribir su propio guión, sino que la nuestra será una historia, de verdad, contada por un idiota.
Como en Mayo de 2010, volvemos a tener en España un gobierno que se queda sin guión.
En su día, las políticas fiscales expansivas -con medidas como el Plan E, que fue la medida insignia, el cheque bebé o la deducción de 400 € en IRPF- encontraron su contradictorio colofón en el bandazo personificado que fue la repentina subida del IVA, la bajada del sueldo a los funcionarios o la congelación de las pensiones. En tiempos recientes, sin embargo, la pérdida del control de la situación se materializa en aquellas medidas anunciadas (a las que sumaremos las que se asoman por el horizonte) entre la presentación de los presupuestos y su tramitación. El repentino recorte de servicios sanitarios y la subida de tasas universitarias y del copago farmacéutico son indicio de que, tras tres meses de autoengaño y sobreestimación del margen de maniobra por parte del gobierno, volvemos a latir al ritmo taquicárdico de la prima de riesgo; y hoy nuestro contrahecho cardiograma tiene picos aún más acusados que los que presentaba en 2011.
Pues sí, en poco más de tres meses se ha derrumbado el espejismo de una recuperación que pretendía seguir el patrón del mítico 1.996: es decir, una situación en la que existió un mayor y mejor acceso a la financiación privada debido a la reducción de las necesidades de financiación del sector público. Esa dinámica no cabe en nuestra más reciente coyuntura, donde el sobreendeudamiento (especialmente privado) y la sobrevaloración de activos es el origen de buena parte de los problemas. Atraer más deuda no es posible (ni deseable).
La incertidumbre por la falta de horizontes en España convive con una Europa donde cada vez se opone más resistencia a la agenda que el instituto IFO, el Bundesbank y el gobierno Merkel (por intermediación del Eurogrupo y de la comisión) sugiere a los países con dificultades de acceso a la financiación. Holanda y Hollande no son sino la punta del iceberg y el Euro, si no quiere sufrir la suerte del célebre trasatlántico, debe reaccionar ya.
Cabe recordar que, con anterioridad a la contención del déficit público como camino de salvación, hubo un tiempo en Europa y en el G-20 (allá por los lejanos días de 2008 y principios de 2009) en que se alentaban políticas de estímulo de la demanda. Eran otros tiempos, desde luego. Pasado no obstante el miedo que en los meses sucesivos a la caída de Lehman Brothers se apoderó de las almas, y al comprobar que los desequilibrios se agudizaban, aquellas políticas cayeron en desgracia. Y es que ni las medidas de estímulo ni la contención del déficit remedian la sobredosis de deuda y la normalización del acceso a la financiación mayorista.
Para llenar el lugar que antaño ocupara el mercado, el BCE ha puesto en marcha inyecciones de liquidez y los LTRO, que han tenido como consecuencia un proceso de cambio de tenedores de deuda: ahora los inversores internacionales son sustituidos por inversores nacionales. Esta dinámica pone al descubierto una senda de ruptura del sistema financiero europeo, que queda reducido a una colección de sistemas financieros nacionales triangulados por el BCE.
Las posiciones en el Target 2 muestran que, lejos de acercarnos a una situación de normalidad, los desequilibrios (los problemas) crecen.
Gráfico 1: Posiciones en el Target 2. BCE
La persistente desconfianza en España radica en la sospecha de que, al final, el Estado tenga que asumir la recapitalización de las entidades financieras con problemas, unido a la dificultad de controlar (¡y conocer!) el déficit de ayuntamientos, comunidades autónomas y empresas públicas.
Esta desconfianza no es caprichosa: los esquemas de protección de las entidades subastadas, o sobre las que se cierne ese destino, siempre son mayores de lo declarado. Pretender que el sector nacional asuma, a través del Fondo de Garantía de Depósitos, las pérdidas puede añadir más tensión, y el esquema del Fondo Europeo de Estabilización Financiera (FEEF) arbitra un mecanismo inasumible (Punto A14 del enlace). Según este esquema, las entidades deben dotarse de capital en el mercado y, si fracasan, deben ser los Estados quienes capitalicen a las entidades; solo si el Estado fracasa, entonces el Fondo presta a los Estados (que perderían su soberanía) para que a su vez doten de capital a las entidades.
La liquidación rápida de las entidades insolventes no sistémicas y la intervención de las sistémicas hubiera sido la mejor solución. Dado que no se puede rescribir el pasado, deberíamos al menos procurar no empeorar la situación. Un cortafuegos que cuestione la solvencia de un Estado tiene más el aspecto de una bomba de relojería que de un mecanismo de seguridad.
Afirma Santiago Carbó que las pérdidas agregadas del sector financiero serán mayores de lo estimado por la reforma financiera y que, en este escenario, se necesita tener un paraguas (backstop) para capitalizar el sector. Si esa herramienta se hace necesaria a pesar de no ser aceptable para un país, solo la superación de las fronteras nacionales permitirá la salida del círculo vicioso. Por otra parte, ¿qué sentido tiene que en el seno de una unión monetaria los bancos sean nacionales?
Ser miembro de la unión monetaria sin acceso a la financiación internacional es el peor de los mundos posibles, como ya hemos visto. El euro es un proyecto maravilloso, labrado tras muchísimos años de trabajo, que derribó importantes barreras y que permite ampliar el horizonte de ciudadanos, empresas e instituciones. No obstante, si deviene una convivencia forzosa execrable acabará en divorcio o, quizá peor todavía, una relación de dependencia: infeliz, nociva y violenta.
Para España sería un drama la ruptura del euro, si bien, como en casi todos los cambios económicos, habría perdedores y ganadores. Sin embargo, y como ya se ha apuntado, eso no significa que la permanencia del modelo empobrecimiento-asistencia no sea ni mucho menos inocuo.
El diagnóstico en clave nacional de esta crisis del Euro es una perniciosa ficción bien construida. Pero no es honesto olvidar que los excesos crediticios necesitaron de dos partes: deudor y acreedor. Apremiar solo a los deudores es un inútil ejercicio de melancolía. Europa necesita un sistema financiero, no un desabastecido archipiélago de sistemas financieros. La política y el control nacional de estos sectores hasta ahora solo han jugado en contra de Europa.
Es hora, pues, de componer un relato de futuro, para Europa y para España. Volver la vista atrás, hacia la Sodoma del pecado y el desenfreno, nos dejará convertidos en estatuas de sal. Las amenazas de restricción al tratado de Schengen o la posibilidad de que se planteen garantías reales como contrapartida en los Bancos Centrales van en ese sentido, y terminarán contraviniendo sus propios intereses y se volverán contra sus promotores. Creer que las tensiones dentro del euro no terminarán afectando a todos sus miembros es una ingenuidad conmovedora. Cuestión de tiempo.
Sobre este mismo tema recomiendo la lectura del artículo que ha publicado Luis Garicano en Nada es gratis
Pese a que estaba cantado, serán muchos los que ahora se sorprendan de que España esté al borde de pedir la intervención del FMI y de malvender su soberanía a causa de la adicción nacional a la deuda.
En su artículo “¿Qué ha pasado para que España esté al borde del rescate?“, Daniel Lacalle describe el deterioro que ha sufrido la imagen internacional de nuestro país en los últimos meses, y a su vez Juan Carlos Barba muestra, con un gráfico muy explícito, cómo los acreedores internacionales se escabullen de la deuda española.
Gráfico 1: Deuda pública española anotada en el BCE, clasificada por origen de los tenedores (Fuente: BCE, elaborado por Juan Carlos Barba)
A la vista de la gravedad que ha adquirido el quebranto de la solvencia del reino, no es de extrañar que empiecen a oírse vaticinios como el que lanza José Luis Ruiz sobre la eventual sustitución de Rajoy por un gobernante más dócil con el Eurogrupo.
Lo cierto es que en estos apenas cuatro meses de gobierno no ha arribado a las costas españolas ese tsunami de confianza con que el Partido Popular se cameló a los electores. Muy al contrario, el aval a granel generosamente entregado a cajas de ahorro, comunidades autónomas y ayuntamientos, unido a la insuficiencia de los ingresos públicos, ha encendido todas las alarmas de los acreedores.
Y es ahora, en pleno recrudecimiento de la falta de confianza patria, cuando con precipitación, nocturnidad y buenas dosis de confusión el Gobierno pretende abanderar la lucha contra las duplicidades o el despilfarro en las administraciones autonómicas o municipales*: propósito tan creíble como el que solemnemente declaraba Fernando VII con aquello de “Avancemos todos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional “. Esta misma tarde, Esperanza Aguirre, que hace bien poco quiso montar una policía castiza, prácticamente pedía la disolución de las autonomías -incluida la que gobierna. No sé cuál será la próxima contorsión reformista de los populares: quizá nos sorprenda el marido de Cospedal en dueto con su cuñado clamando por una sociedad más meritocrática, o José Ricardo Martínez (UGT) enarbolando al alilmón con Rodrigo Rato una pancarta por la despolitización de las Cajas. Cosas veredes…
Aunque se mostró taciturno en campaña sobre los que serían sus sortilegios para traer de vuelta la ansiada confianza a España, el PP vociferó a los cuatro vientos que se recuperaría el “espíritu del 96″. Pero (¡oh, cielos!), si hay algo que en esta crisis de crédito no tenía sentido, eso era precisamente replicar la política del 96.
A la vista de los resultados de las dos últimas elecciones (de las generales y de las autonómicas andaluzas y asturianas), lo único que constata una hipertrofia imparable es la desafección de los votantes, certificada por una cifra de abstención al alza. Asimismo, se advierten unos giros en la tendencia electoral que probablemente se deban a una estrategia de marketing político: el PP espera a que su competidor se cueza en sus propios y gruesos errores mientras vende una imagen de “brillante gestor” para así ganarse al cliente-elector. Por su parte, también los resultados en las elecciones andaluzas pueden explicarse parcialmente como la respuesta del electorado a las expectativas atribuidas a una marca política determinada: toda vez que por la mera imposición de manos de los populares no ha mejorado el enfermo, IU ha capitalizado el voto merced a su imagen de defensores de los “derechos sociales”. Pero mucho me temo que, si el programa del Partido Comunista Andaluz consiste en no pagar las deudas, esperan tiempos aún más difíciles a los derechos sociales andaluces -amén de un riesgo añadido en España.
Con la prima de riesgo a 420 puntos, el gobierno saca de la chistera un “plan” para recortar en sanidad y educación. No me cabe duda de que se puede mejorar la eficiencia sin que afecte a la calidad de los servicios, pero si, como es de esperar, el ajuste se realiza de la misma manera que se lleva a cabo en el sector privado, el recorte se sustanciará en el cese de jóvenes investigadores, en la no incorporación de nuevos docentes y, en definitiva, en el arrinconamiento (y exilio) de una generación (en cuya formación, por cierto, hemos gastado sumas considerables). Dudo mucho de que esto sea eficiente, y no me cabe duda de que además es muy injusto. Así de crudo resultaría el titular: un gobierno yonqui roba el pan de sus hijos para inyectar 50.000 millones de crédito adicionales a las cajas por las que se le va la vida.
Es desgarrador que todo este panorama fuera tan previsible como cutre. Sin duda, necesitamos un esfuerzo colectivo, y lo haremos -por las buenas o por las malas. Sin embargo, la terapia vudú -la del dolor generacional que nos conducirá a una senda de virtud- es una terapia absurda y cruel.
Como Machado, no puedo cantar ni quiero a ese Jesús del madero. ¿Hay alguien por ahí quien me preste una escalera?…
* Les recomiendo que vean el vídeo enlazado sobre la visión municipal del alcalde de Alcalá de Henares (PP) y el diputado autonómico Luis de Velasco (UPyD)
A estas alturas del siglo, decir que las causas (todavía no atajadas) de la gran recesión (2008-…) son el exceso de deuda y la sobrevaloración de activos parece una trivialidad. Pero si miramos las recetas económicas que ofrecen la mayoría de los partidos políticos de cara a las inminentes elecciones, la necesidad de recordarlo es apremiante.
¿Puede el gobierno de España resolver los problemas económicos que nos atenazan? No. Conviene decirlo claramente, porque el paternalismo de izquierdas, de derechas o nacionalista cotizan al alza y sus pontífices viven (muy bien, por cierto) explotándolo.
Pero lo que el próximo gobierno sí puede, y debería hacer, es aligerar el lastre que sufren los ciudadanos para que su esfuerzo permita recuperar la senda del crecimiento e incrementar la igualdad de oportunidades. Voy a destacar algunas de las fórmulas que servirían a este fin (ajeno a la política partitocrática aún en vigor) de aligerar el lastre:
-Romper la dualidad del mercado, que protege al 8% de los nuevos contratados y olvida a un 50% de los jóvenes. Para ello se necesita establecer un contrato único de trabajo que reduzca la rotación laboral, fomente la formación e incremente la productividad.
-Liquidar las entidades financieras zombies (vid. p.64) y dejar de sostener, con un apoyo inútil además de caro, un mercado inmobiliario que ni funciona ni funcionará mientras los precios no se ajusten a la capacidad financiera de los posibles compradores.
-Reducción del gasto político en la administración, y reconversión (añejo eufemismo para “reducción”) de la misma. A rebufo de la falsa bonanza que hemos vivido y del desarrollo de un estado autonómico que no ha tenido en cuenta la sostenibilidad del Estado, se ha constituido un aparato político que se resiste a ser reformado; pero es imprenscindible hacerlo.
-Modificación de la ley concursal para que las familias en quiebra puedan acogerse a una versión simplificada. Introducción de la dación en pago (con restricciones) para las familias en quiebra (vid. p. 226), de tal manera que su futuro quede desligado del de su vivienda, se evite su caída en la marginalidad y se propicie la continuidad de su contribución a la sociedad.
Todas estas propuestas están en el programa electoral de UPyD, que puede consultarse ampliamente aquí: www.cadavotovale.es.
¿Por qué en medio de este análisis he introducido una (hasta ahora insólita) nota de proselitismo? Pues porque la política del PPSOE conduce, como se detallará a continuación, a que el FMI se haga una bonita alfombra con nuestra soberanía (una preciosa alfombra, aunque algo retro, de piel de toro), y semejante circunstancia constituye un peligro que debemos tratar de conjurar con todas nuestras fuerzas.
En el debate del pasado 7 de noviembre, los ejes en los que los dos grandes partidos españoles cifraban las esperanzas de recuperación ignoraban de plano el contexto internacional y carecían de las mínimas dosis de sentido común:
-En primer lugar, el PP, tal y como ya se ha adelantado en entradas anteriores de este blog, basa su programa de recuperación en una vuelta a las esencias del 96, a saber: una reducción del gasto público que permita atraer nuevo crédito, que impulse la actividad económica y que sostenga el sector inmobiliario. La gestión de la comunidad valenciana o el ayuntamiento de Madrid, así como la proliferación de anuncios de ayudas y ausencia de recortes, contradicen de entrada esta propuesta. Pero lo más grave no es que sea falsa, sino que vaya en serio, pues no asume la realidad de que los inversores internacionales no solo no desean aumentar su exposición crediticia a España, sino que más bien anhelan (con cierta ansiedad) reducirla: atendiendo a fundamentales, España ha recibido mucho más crédito del razonable, de manera que seguir apostando por el endeudamiento no es viable, y no porque no garantice el crecimiento (que tampoco), sino sencillamente porque esta vez no se va a encontrar tan fácilmente a algún incauto que financie la deuda. Tal política no sería sino una especie de Plan-E petrificado en el tiempo -si es que tal pesadilla puede sostenerse, que ya veremos que no. Y es en el hipotético crecimiento que esperan obtener de la concesión de nuevos créditos donde ponen su esperanza de esquivar los recortes… que finalmente, es previsible, acabarán haciendo -aunque, como ya viene siendo habitual en sus gobiernos, en ningún caso afectarán a los cuadros de su propio partido (¿o es que alguien ha visto recortes en la Televisión de Castilla La Mancha, o entre los afortunados asesores de Cospedal?).
-Por su parte, el PSOE trata de minimizar los ajustes para “no dejar a nadie atrás”. Tan gallarda resistencia es de una hidalguía loable, bien es verdad, pero el hecho es que no acometer los ajustes enquista los problemas y deja irremediablemente atrás una estela de 5 millones de parados. Además, al igual que ocurre con el PP, el supuesto de partida no se cumple, pero de nuevo esto no es lo más grave. Lo peor es que la propuesta sea genuina: pues demorar el ajuste del déficit dos años más parece mucho menos previsible que un aterrizaje del FMI. Que se vaya a crear empleo mediante impuestos a la banca es falso, pero además ni cuadra con lo ya aprobado en el FROB ni tiene en cuenta los compromisos posteriores que se puedan asumir con las cajas. La banca va a seguir siendo receptora de fondos, entre otras cosas porque sus directivos salen de sus propias filas: los gestores de más del 50% de los bancos y cajas han sido cargos políticos y en buena medida socialistas y, como todo el mundo sabe, a tan brillantes servidores de lo público (y amigos de lo ajeno) se les indemniza millonariamente por quebrar entidades centenarias.
-El programa de IU de expansión del gasto público implica la salida del Euro, salvo que una constelación estelar más memorable que la que entusiasmaba a Pajín ponga a los eurocomunistas al timón de Europa. Por lo demás, sus propuestas económicas no merecen más análisis que el laicismo de Rouco Varela, aunque pueden resumirse en que (paradójicamente) incurren en el mismo error que los partidos mayoritarios: no tienen en cuenta ni el marco internacional ni la situación especialmente delicada de España.
-Los nacionalistas no tienen un proyecto estatal ni se les debe exigir: en su miope orientación política, buscan meramente el interés de su propio territorio y todo lo que esperan de las elecciones generales es ser decisivos en el gobierno nacional, como lo fueron en 1996 (¿se acuerdan que Aznar presumía en público de hablar catalán en la intimidad?), 2004 y 2008. En su propia lógica instrumentalista, habría que recordarles -sobre todo a CiU- que, aunque le arrancaran al PP un provechoso concierto económico, de poco les iba a servir si España es intervenida. Pero quizá tanta previsión sea mucho pedir: no olvidemos que Durán i Lleida propuso en un debate sobre el estado de la Nación que el Estado comprara todo el stock de vivenda. ¡Viva el seny!
Tengo la ilusión de que el 20N nos depare una gran sorpresa, y que UPyD pueda condicionar al gobierno que salga de las urnas. Pero debemos estar preparados también para un gobierno del Partido Popular -con mayoría absoluta o de la mano de CiU- que intente reinflar la burbuja. Si eso ocurre, tocará vigilar y denunciar en una legislatura previsiblemente corta y convulsa -salvo que finalmente sí que exista el famoso programa oculto, y sea totalmente contrario al publicado.
Si, por el contrario, el PP pretende cumplir sus promesas de seductor, es muy posible que, como decía, su legislatura sea corta y convulsa; que, como consecuencia de su fracaso, el FMI imponga unos recortes indiscriminados y se produzca un estallido social. Porque esos recortes no se regirán por la justicia, la igualdad de oportunidades o la prosperidad, nooooo: el único objeto del FMI es facilitar el repago de las deudas. Su solución es, por ello, simple, a granel y cortoplacista: se ceba en contratados temporales, jóvenes, funcionarios, sanidad, educación y pensiones. ¿No es preferible una reconversión de nuestra estructura de poder (ayuntamientos, diputaciones, ccaa, organismos públicos y cajas) y de nuestra adocenada clase política?
Por eso sugiero a quien tenga prejuicios sobre UPyD que piense honestamente hasta qué punto están fundados. Yo los tuve: sospechaba que el partido estaba hecho a la medida de una Rosa Díez rebotada del PSOE y que no tenía sentido un partido político cuyo leitmotif fuera la lucha contra ETA. Por otro lado, su extraña posición ideológica (¡transversal!) me hacía sospechar que decepcionaría por igual a derechosos e izquierdosos. Estaba muy equivocado: esa es una caricatura hecha desde fuera.
Estos prejuicios se alimentan del desconocimiento del partido y de la intoxicación que se genera tanto desde los partidos rivales como desde los medios que les son afines. Por no hablar del peso que la tradición electoral familiar y el absentismo mental tiene en muchos votantes. Sin embargo, me he encontrado con una posición política inteligente y oportuna (que no oportunista), y con un partido cuya vocación democrática he testado al contribuir, sin ocupar cargo alguno, en la elaboración del programa electoral mediante la redacción de enmiendas (y no fueron pocas, voto al cielo).
Por eso me gustaría, oh lector, que leyeras el programa, y más aún te pediría que, si te gusta, lo cuentes y hagas por robarle algún votante a los viejos partidos: que convenzas a uno de esos electores que tiene subcontratados sus servicios ideológicos al grupo de comunicación que, desde el que momento en que fijó su posición política, viene sistemáticamente confirmándole en ella, para que reconsidere su postura.
Si cada votante de UPyD consigue ganar un voto entre su familia y amigos, solo uno, podríamos conseguir dar un vuelco y ser determinantes en el próximo gobierno. Piénsalo: es posible.
Vota el 20N. Y que no te vendan amor sin espinas, que no te compren por menos de nada.
Según los portavoces del Partido Popular, su programa económico tiene como objetivo la recuperación de la confianza y la austeridad del gasto público, con las empresas públicas y las duplicidades en la administración en el punto de mira.
Esta recuperación de la confianza sería el resultado de la salida del poder de un gobernante errático como Zapatero y se traduciría en un incremento del consumo y la inversión y, como consecuencia de esto, en una mejora en el empleo. El caso es que Grecia, Portugal e incluso el Reino Unido han cambiado de primer ministro sin que se haya producido semejante catarsis; más bien, en los primeros casos el efecto ha sido el contrario.
Montoro, Rajoy o Soraya Saenz apelan al espíritu del 96 para invocar un nuevo caudal de confianza. Lo que no aclaran es si esto implicará contraer nuevas y mayores deudas. Sospecho que sí, ya que ellos, como los sindicatos, CiU o el PSOE aluden a la tan deseada reactivación del crédito.
Tirando de hemeroteca, vemos que el núcleo de aquellas reformas pergeñadas en el 96 (y ejecutadas en el 97) dio lugar a la burbuja inmobiliaria vivida en España durante la última década.
Gráfico 1: Portadas de la prensa el 22 Febrero de 1997 tras los decretos urgentes de reformas de la economía.
Aunque se apele a ese espíritu reformista, nos encontramos con que un buen número de cosas son sencillamente irrepetibles:
- No se podrán construir de nuevo 3 millones de viviendas por legislatura.
- No se podrán privatizar una vez más Telefónica, Endesa, Repsol, SEAT, Tabacalera, Argentaria o Iberia. De paso, conviene recordar que lo recaudado por la venta de todas esas empresas (30.000 millones de euros) constituye solo un tercio de lo que se pide hoy para el FROB (90.000 millones de euros).
- Congelar el sueldo de los empleados públicos (dados los recortes, supondría subirles el sueldo).
- Congelar la tarifa eléctrica (pues se ha acotado el déficit de tarifa por ley).
Las declaraciones de Rajoy, según las cuales la reestructuración de las Cajas de Ahorro supone malvenderlas, no pueden ser más decepcionantes: si los inversores privados no pagaran nada por el capital y se hicieran cargo de las deudas, el importe que se ahorraría el Estado sería mucho mayor que el de las buenas privatizaciones de los 90. ¿Cuál es entonces el precio de saldo, la venta de las cajas o quizás las privatizaciones de antaño?
El problema de nuestra economía es un problema de deuda y déficit exterior. Y estos lodos derivan de los viejos polvos reformistas del 97, unidos a la hiperactividad de las cajas. Problemas estos que los sucesivos gobiernos de Zapatero no quisieron afrontar pese a que conocían perfectamente la situación.
El discurso de la restauración de la confianza no difiere demasiado de la publicidad de Rumasa. Ser capaces de generar crecimiento y obtener financiación no basta cuando las deudas que se contraen no se pueden pagar.
No es la confianza el problema. España goza de más confianza de la que merece, entre otras cosas por las reformas que Zapatero-Pablo hizo corrigiendo a Zapatero-Saulo tras su repentina caída del caballo (empujado por Merkel) en mayo de 2010. Y bien es verdad que con las reformas de mayo del 10 hemos ganado tiempo para evitar el desastre -tiempo que hemos robado a quienes esperan a que la situación mejore, muchos de ellos en el paro- y respaldo de la unión monetaria. Pero ni esos recortes son la solución, ni el respaldo es gratis.
La solución solo puede venir de una reducción de deudas y un saneamiento de balances. La conversión de las deudas de nuestras entidades financieras en capital: sería una solución óptima y supondría que las pérdidas serían compartidas por quienes les prestaron irresponsablemente. Por contra, la socialización de estas pérdidas sería un expolio gigantesco y del que difícilmente nos recuperaríamos en décadas.
Sin embargo, ¿qué dice el PP de la capitalización de las Cajas y del presupuesto público? Si atendemos a las posturas de Camps o Feijoo es para echarse a temblar. ¿Y qué dice Montoro?
Las soluciones del 96 nacen muertas. Son más bien el origen del problema, y suenan tan anacrónicas como algunas de las tonadillas que tanto éxito recabaron por aquellos primaverales días.
Si España va a necesitar un rescate financiero no será por el elevado déficit público.
Este déficit se ha originado por a) las fallidas políticas cortoplacistas de estímulo de la demanda (Plan E, ayudas al automóvil, subsidio 420€), b) el efecto de los estabilizadores automáticos (prestaciones por desempleo) y c) la caída de los ingresos fiscales por la reducción de actividad.
A casi nadie se le escapa que un déficit público anual superior al 12% del PIB, sostenido en el tiempo, conduce a la bancarrota a corto o medio plazo, pero es cierto que a) no se plantean actualmente más políticas de estímulo, b) los estabilizadores automáticos no duran más allá de 24 meses, y c) se pueden aumentar la tributación mediante la subida del IVA o de impuestos especiales (tabaco, gasolina, alcohol), que se caracterizan por su potencia recaudatoria y la rapidez de su puesta en marcha.
Insisten el gobierno y sus portavoces -de dentro y fuera del ejecutivo- en que el volumen acumulado de la deuda pública española es mucho menor que el de nuestros socios europeos, y tienen razón: la labor de Pedro Solbes y Rodrigo Rato en este aspecto fue ejemplar, como reconocía la propia Merkel en Enero de 2008.
Y es cierto que nuestro volumen de deuda pública es manejable, pese a las más que razonables dudas en cuanto a la contabilidad de las autonomías y los ayuntamientos, con sus organismos autónomos y empresas públicas.
Las cifras de stock de deuda de España están por debajo de la media Europea -aunque también las de Irlanda lo estaban.
Fuente: FMI y Eurostat, elaborado por Wikipedia.
Sin embargo, la economía española tiene tres graves problemas:
1)El sistema financiero ha asumido un riesgo disparatado en el sector inmobiliario.
El ladrillo acapara al menos el 25% del crédito, por lo que estos activos en riesgo constituyen al menos el 100% del PIB, 1 billón de € -cuyo respaldo es cuando menos dudoso.
Este crecimiento del crédito hace que nuestro sistema financiero, empresas y ciudadanos sean aspirantes a convertirse en los grandes campeones mundiales de la especulación.
2)El sistema financiero y el tesoro público se sostienen mutuamente de un modo artificial.
Las cajas y bancos compran deuda pública a pesar de que la aversión a estos títulos o al menos su menor valoración es notoria. A su vez, la deuda adquirida por estas entidades es imprescindible para que el Estado pueda respaldar a estas mismas entidades . Esta técnica no se diferencia en nada del “papel pelota”.
3)El sistema financiero español es en gran medida público.
Las cajas de ahorro tienen una cuota de mercado cercana al 50%, lo que supone que a día de hoy el Estado sea el garante final y propietario de empresas que han arriesgado más que nadie.
Si hasta ahora nadie les ha obligado a asumir sus pérdidas es porque los responsables son sus compañeros de partido, y la oposición no está en distinta situación: no hay partido político importante que no participe en la gestión de las cajas.
En resumidas cuentas: mediante sus cajas, nuestro Estado es uno de los grandes campeones mundiales de la especulación -si es que no el mayor. Lo cual es especialmente meritorio en una coyuntura caracterizada por la generalización de prácticas kamikazes.
Para estos problemas se plantean varias estrategias de salida. Mencionaré dos que no suponen la salida del euro:
a) El plan del Estado y las entidades financieras consiste en repetir la estrategia ya fallida de las promotoras, a saber, esperar agazapados a que vuelva otro ciclo alcista y se puedan colocar todos los activos inmobiliarios ociosos (uno a uno o en grandes paquetes) a un precio elevado.
Y en eso estamos. Esperando y pagando la espera, porque nada es gratis: nos refinancian cada vez en peores condiciones y con menor margen de actuación por la falta de recursos y la presión de nuestros acreedores. Nos imponen unos recortes que tienen más efecto moralizante que práctico (es evidente que recortar del presupuesto 15.000 o incluso 50.000 millones no es nada ante un potencial default de las Cajas). El BCE, mientras nos avengamos a razones, nos seguirá “dando la paga” en préstamos a 3 meses, entre otras cosas porque los bancos de Francia y Alemania necesitan que paguemos los vencimientos.
Así pues, como ya les ocurriera a las promotoras, las entidades financieras (y el Estado) se enfrentan a la espada de Damocles de las refinanciaciones. Mientras se concedan podrán seguir esperando el ansiado ciclo alcista. No obstante, con un 20% de paro -cerca del 50% en el caso del paro juvenil-, la entrada de inmigrantes en franco retroceso, el número de embargos al alza y la cantidad de viviendas que se quedan vacías por el fallecimiento de sus propietarios, esperar un ciclo alcista es como esperar a Godot.
b) Que los inversores pierdan una cantidad (quita). Los grandes países del Euro dan por descontado que recortar gasto público no es una estrategia de salida, y ya cuentan con que para evitar asfixiar a los endeudados hay que renunciar a recuperar el total la inversión. Este riesgo de quita hace aún más difícil la capitalización y refinanciación de las cajas. Y si es el Estado quien debe acudir a las refinanciaciones, entonces deberá emitir deuda pública hasta un punto que le puede llevar a la situación de Irlanda. Si esta colocación extra de deuda no fuera posible, sería necesario acudir a un préstamo del FMI con su correspondiente intervención.
En este escenario, y con la quita, se laminaría nuestro fondo de reserva de la Seguridad Social y la solvencia de nuestros grandes bancos.
¿Se entiende ahora la urgencia de la reforma de las pensiones?